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Érase que se era un ratón friolero que llegado el invierno le temblaba hasta el pelo.
Se vestía su bufanda sus botas y el pantalón y le castañeteaban los dientes grandes de roedor. Totalmente vestido se metía en la cama y aunque el sol saliese él no se levantaba. Solo pensar en la nieve le daba verdadero pavor imaginaba los copos cayendo y le entraba un sofocón -¡Es horrible el invierno! -repetía sin cesar. -¡Quiero que llegue el verano para poderme bañar! Pero el termómetro del cuarto cada vez más bajaba y todo su cuerpecito una y otra vez tiritaba.
Mas un día de mañana, el día de Navidad escuchó unos cantos y oyó a mucha gente hablar Después de mucho esfuerzo se consiguió levantar y asomó su cabeza al invierno y solo pudo alucinar.
¡Qué maravilloso espectáculo el ratón pudo observar. ¡La sala estaba decorada preparada para la Navidad! ¡Un árbol y mil regalos! ¡Un gato y un bastón y un muñeco de nieve y otro muñeco glotón!
Al morir un molinero, dejó por herencia a su hijo tan solo un gato. Pero éste dijo a su amo. -No te parezca que soy poca cosa. Obedéceme y verás. Venia la carroza del rey por el camino. -Entra en el río -ordenó el Gato con Botas a su amo, y gritó: -¡Socorro. ¡Se ahoga el Marqués de Carabás! El Rey y su hija mandaron a sus criados que sacaran del río al supuesto Marques de Carabás, y le proporcionaron un traje seco, muy bello y lujoso. Le invitaron a subir a la real carroza, y adelantándose el Gato por el camino, pidió a los segadores que, cuando el rey preguntara de quien eran aquellas tierras contestaran «del Marqués de Carabás». Igual dijo a los vendimiadores, y el rey quedó maravillado de lo que poseía su amigo el Marqués. Siempre adelantándose a la carroza, llegó el gato al castillo de un gigante, y le dijo: -He oído que podréis convertiros en cualquier animal. Pero no lo creo. ¿No? Gritó el gigante. -Pues convéncete. Y en un momento tomó el aspecto de un terrible león. -¿A que no eres capaz de convertirte en un ratón? ¿Cómo que no? Fíjate. -Se transformó en ratón y entonces ¡AUM! el Gato se lo comió de un bocado, y seguidamente salió tranquilo a esperar la carroza. ¡Bienvenidos al castillo de mi amo, el Marqués de Carabás! Pase Su Majestad y la linda princesa a disfrutar del banquete que está preparado. El hijo del molinero y la princesa se casaron, y fueron muy felices Todo este bienestar lo consiguieron gracias a la astucia del Gato con Botas.
En el corazón del bosque vivían tres cerditos que eran hermanos. El lobo siempre andaba persiguiéndoles para comérselos. Para escapar del lobo, los cerditos decidieron hacerse una casa.
El pequeño la hizo de paja, para acabar antes y poder irse a jugar.
El mediano construyó una casita de madera. Al ver que su hermano pequeño había terminado ya, se dio prisa para irse a jugar con él.
El mayor trabajaba en su casa de ladrillo. - Ya veréis lo que hace el lobo con vuestras casas- riñó a sus hermanos mientras éstos se lo pasaban en grande.
El lobo salió detrás del cerdito pequeño y él corrió hasta su casita de paja, pero el lobo sopló y sopló y la casita de paja derrumbó. El lobo persiguió también al cerdito por el bosque, que corrió a refugiarse en casa de su hermano mediano. Pero el lobo sopló y sopló y la casita de madera derribó. Los dos cerditos salieron corriendo de allí. Casi sin aliento, con el lobo pegado a sus talones, llegaron a la casa del hermano mayor. Los tres se metieron dentro y cerraron bien todas las puertas y ventanas. El lobo se puso a dar vueltas a la casa, buscando algún sitio por el que entrar. Con una escalera larguísima trepó hasta el tejado, para colarse por la chimenea. Pero el cerdito mayor puso al fuego una olla con agua.
El lobo comilón descendió por el interior de la chimenea, pero cayó sobre el agua hirviendo y se asustó. Escapó de allí dando unos terribles aullidos que se oyeron en todo el bosque.
Se cuenta que nunca jamás quiso comer cerdito.
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